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Prólogo
Londres, noviembre de 1836
—?Qué estilo prefiere, senorita Briars? ?Le gustaría un hombre rubio o moreno? ?Alto o de mediana estatura? ?Inglés o extranjero? —La mujer usaba un tono de lo más práctico, como si estuvieran hablando de un plato que había de servirse en una cena, en lugar de tratarse de un hombre de alquiler para aquella noche.
Sus preguntas hicieron que Amanda se encogiese. Notó que se le inflamaban las mejillas hasta sentirlas arder, y se preguntó si era eso lo que les ocurría a los hombres cuando visitaban por primera vez un burdel. Por suerte, aquel burdel era mucho más discreto y estaba amueblado con mucho mejor gusto de lo que había imaginado. De sus paredes no colgaban pinturas chocantes ni grabados vulgares, ni tampoco había a la vista clientes ni prostitutas. El establecimiento de la senora Bradshaw resultaba bastante atractivo, forradas de damasco color verde musgo las paredes, y la salita de recepción privada amueblada al estilo Hepplewhite. Había una mesita de mármol colocada con muy buen gusto junto a un sofá estilo Imperio adornado con escamas de delfín doradas.
Gemma Bradshaw tomó un pequeno lápiz dorado y un diminuto cuaderno que estaba sujeto del borde de la mesa, y la miró expectante.