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INTRODUCCIÓN
La anatomía humana, y en especial el estudio de los sistemas óseo y muscular, constituye la base indispensable para la representación artística de la figura. Tanto las proporciones y los movimientos de nuestro cuerpo, como las expresiones, las actitudes y la exteriorización de nuestras emociones, son imposibles de representar sin un estudio previo de la anatomía. Por otra parte, su conocimiento nos permite re-pi'oducir mejor, no sólo el cuerpo humano en estado de reposo, sino también una serie de movimientos apenas perceptibles, asi como la infinita gama de matices expresivos, matices que ningún artista es capaz de plasmar si desconoce las leyes de la anatomía.
Para las artes plásticas, el cuerpo humano es ante todo un espectáculo que se ofrece al artista. Este debe, pues, estudiar la anatomía desde el punto de vista artístico y no médico; deberá primero conocer los músculos y los huesos cuyo relieve es visible en la superficie del cuerpo, haciendo caso omiso de los órganos internos, tales como el corazón, el hígado, los pulmones y otras visceras que nada tienen que ver con la anatomía artística. Los vasos sanguíneos, una parte de los cuáles es visible bajo la superficie de la piel, deberían, en rigor, figurar en el marco de nuestro estudio, pero dada la variedad que presentan dejamos a cada artista el cuidado de observarlos por su cuenta.
Los huesos y los músculos del cuerpo humano forman un complejo conjunto de tres dimensiones, cuya forma y equilibrio son susceptibles de variar bajo la influencia del menor movimiento, por lo cual he puesto especial cuidado too sólo en dar una descripción de las diferentes partes del cuerpo, sino también en destacar las relaciones existentes entre las distintas partes del organismo. Gomo quiera que las fotografías no nos darían a este respecto más que soluciones imperfectas, por la sencilla